lunes, 27 de agosto de 2012

Aplicaciones de los ecualizadores


Resolver problemas

Los ecualizadores se pueden utilizar como filtros, para atenuar o eliminar frecuencias que molestan, ruidos o interferencias que se mezclan con el sonido. Por ejemplo, el “hum” producido por una mala fuente de alimentación se reduce atenuando en 50-60 Hz aproximadamente. El “hiss”, tan común en los cassettes, se puede disminuir atenuando las altas frecuencias. Por lo general, los problemas ocurren en un rango determinado de frecuencias, por esto es que los ecualizadores paramétricos son los ideales para este propósito.

Otro problema común es el del enmascaramiento: un instrumento con una resonancia o un pico en una frecuencia. Si bien este instrumento suena bien solo, al mezclarlo con otros puede interferir en la claridad de éstos, por lo que es recomendable atenuar estas frecuencias, comprimirlas o limitarlas.


Afectar a la personalidad de un sonido

Los EQ también pueden variar el carácter de un instrumento. Esto se logra alterando la frecuencia fundamental o los armónicos, teniendo en cuenta siempre que si se alteras todos los instrumentos por separado y luego los mezclan no se asegura un buen resultado de la mezcla.


Ideas para el uso práctico de los ecualizadores

     Como norma general, a cada instrumento se le puede dar cuerpo aumentando su frecuencia fundamental. Atenúa ésta si el sonido es muy grave o indefinido. Aumentando los armónicos le das más presencia y definición, así que atenúalos también si el sonido es muy violento. Por otra parte, ten en cuenta que ecualizaciones extremas reducen fidelidad, pero pueden crear efectos interesantes: por ejemplo, cortando bruscamente los graves y los agudos de una voz se consigue el sonido “telefónico”.

Las siguientes son algunas sugerencias de frecuencias muy básicas que puedes ajustar con los ecualizadores.

• Bajo: Cuerpo y profundidad en 60 Hz, áspero en 600 Hz, presencia en 2.5 Khz. y ruido de cuerda a partir de los 3 Khz.

• Guitarra acústica: Cuerpo en 80 Hz, presencia en 5 Khz, sonido de púa por encima de 10 Khz.

• Guitarra eléctrica: Pegada en 60 Hz, cuerpo en 100 Hz, estridente en 600 Hz, presencia en 2-3 Khz, latosa y rasposa arriba de los 6 Khz.

• Batería: Cuerpo en 100 Hz, apagada en 250-600 Hz, trash de 1 a 3 Khz., ataque en 5 Khz, seca y enérgica en 10 Khz.

• Bombo: Cuerpo y potencia 60 Hz, acartonado 300-800 Hz (corta de 400 a 600 para conseguir un mejor tono), y el kick o ataque en 2-6 Khz.

• Percusión: Brillo y presencia en 10 Khz.

• Saxo: Cálido en 500 Hz, duro en 3 Khz, sonido de llaves por encima de 10 Khz.

• Voz: Cuerpo en 100-150 Hz (hombre), cuerpo en 200-250 (mujer), sonido nasal en 500-1000 Hz, presencia en 5 Khz, y sonido de “s” arriba de 6 Khz.


¿Hay que usar los EQ cuando grabas o cuando mezclas? Si se graban todos los canales por separado, lo que usualmente se hace es grabar con todos los EQ planos y ecualizar durante la mezcla. Esta es la mejor solución, porque las cosas cambian cuando se escuchan todos los instrumentos al mismo tiempo. Si, en cambio, tienes que hacer premezclas antes de grabar, debes ecualizar antes de premezclar. También debes saber que, en tomas de micro, antes de usar un EQ debes intentar lograr ese cambio de tono cambiando de lugar los micrófonos. Esto le da un efecto más natural que utilizando el EQ.

Para acabar, recuerda que los EQ suelen trabajar mejor cuando se utilizan sutilmente (variaciones de 2 o 3 dB pueden ser suficientes).

Un buen consejo es utilizar la EQ con bypass para ir escuchando y controlando la ecualización en todo momento.

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