martes, 13 de marzo de 2012

El oído

Una fuente de sonido produce ondas de sonido que alternativamente comprimen y expanden el aire entre ella y el oyente. Esta compresión causa fluctuaciones de la presión por encima y por debajo de la presión atmosférica normal. El oído es un transductor muy sensible que responde a estas variaciones de presión por medio de una serie de procesos relacionados que tienen lugar en los órganos auditivos que forman el oído. Cuando llega al oyente, las ondas de presión del sonido son recogidos en el canal auditivo por medio de la oreja y entonces son dirigidas al tímpano. Las ondas sonoras se transforman entonces en vibraciones mecánicas y se transfieren al oído interno por medio de tres huesos; martillo, yunque y estribo. Estos huesos funcionan como un amplificador (amplificando las vibraciones dadas por el tímpano) y como un dispositivo limitador (reduciendo el nivel de los sonidos demasiado altos, tales como un trueno o las explosiones de los fuegos artificiales). Las vibraciones se aplican entonces al oído interno, que es un órgano tubular que está enroscado en forma de caracol y que contiene dos cámaras llenas de fluido. En estas cámaras hay pequeños pelos recetores alineados en fila a lo largo del oído interno. Las vibraciones se transmiten a los pelillos, que responden a ciertas frecuencias dependiendo de su localización a lo largo del órgano. La pérdida de audición generalmente ocurre cuando estos pelos resultan dañados o deteriorados por la edad.


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